INTRODUCCIÓN

"Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres."  Heinrich Heine

Comenzaré insistiendo, para que nadie se lleve a engaño, que el siguiente plan de lectura se basa en las experiencias de los cursos de 1º de E.S.O del Colegio Santísima Trinidad de Alcorcón.
Con esto quiero decir que seguramente no será completamente extrapolable a centros con entornos distintos o a cursos cuyos programas exijan otros libros o actividades.


Vaya por delante que conozco las ideas de Piaget, Rodari, Freinet, Freire, las taxonomías de Bloom y unos cuantos más, pero he decidido no llenar este plan de palabras como: objetivos, competenciales, procesos, indicadores, descriptores o contenidos. Creo que todos ellos subyacen en el documento y si somos capaces de dejarnos llevar por lo que dice, y no intentar encontrar lo que los tecnicismos educativos dictan que debería decir, seremos capaces de hallarlos. Cuando aparecen todas estas grandilocuentes palabras, los escritos abandonan el campo de la realidad para acomodarse en el de 
la demagogia educativa. 

Habría que empezar a desterrar tanto vocablo inútil (porque no dice nada al oyente) y bajar a lo cotidiano, al día a día. Los planes “cubrexpedientes” están afectados por el síndrome de “el buñuelo de viento”, aparentemente son una maravilla pero están vacíos por dentro.

Me alejaré, por tanto, de la recurrente verborrea técnica del campo de la programación educativa y expondré a grandes rasgos lo que para mí sería un
plan de lectura viable para 1º de E.S.O. en el que deben imperar la creatividad, la concrección, el dinamismo y la diversidad.

"Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro." Emily Dickinson



PLAN DE LECTURA

OBJETIVOS

A menudo hablo a mis alumnos de “La navaja de Okham”. Para predicar con el ejemplo y para que este plan no adolezca de objetivos, procedimientos o temporalización,... Ah, se me olvidaban los criterios de evaluación, aquí van los que considero imprescindibles:



  • Que el alumno sea capaz de leer.
  • Que sea capaz de enterarse de lo que lee.
  • Que le guste, si es posible.
  • Que sea capaz de hacer actividades o trabajos sobre lo leído.
  • Que sea capaz de exponerlo a sus compañeros.

Acometer semejante tarea es un ejercicio de imaginación considerable. En una sociedad profundamente icónica, la lectura parece tener poca cabida. Esta constatación puede indicarnos que la batalla entre las letras y las imágenes se decanta irremisiblemente por la victoria de éstas. Aún así, deberíamos analizar ¿por qué se ha llegado a esta situación? Se puede (y de hecho se hace) echar la culpa al desarrollo de la televisión, internet, etc.; también a que los alumnos no están dispuestos a esforzarse en la lectura de un libro y a mil cosas más; pero ¿analizamos si habrá tenido algo que ver con el tipo de libros que mandamos (no aconsejamos) leer o con el estilo de trabajos que exigimos? Nunca he oído o leído ningún ejercicio de autocrítica. ¿Nos planteamos que tenemos (posiblemente)veinte años más que nuestros alumnos y que nuestros intereses, visión de la vida o gustos literarios están muy alejados de su mundo?



Sería necesario hacer una pequeña catarsis y acometer la deconstrucción (no destrucción) de nuestros esquemas y paradigmas de lectura para los alumnos. Nuestro plan debería ser moderno, audaz y rompedor, y nos exige ponernos al día de lo que se publica para los adolescentes que nos acompañan día a día.


En primer lugar deberíamos enfocar el plan lector hacia dos aspectos que conviven en nuestro sistema, pero que tienen poca relación en la práctica: Lectura informativa, comprensiva 
y eficaz por un lado, y por otro la lectura placentera.

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